Intracosmos
El principio, como cualquier suceso importante, llegó súbitamente. Emperifollade de incertidumbre, con brocado de pesadumbre sobre un finísimo terciopelo de escepticismo. Los hilos dorados estaban hechos con la más exquisita paranoia colectiva que jamás se había visto sobre la Tierra. Tanta magnificencia hacía que cualquier mortal quedara pasmade. Yo misma no tenía una reacción clara ante esta visión. La primer semana invertí mis energías a tareas banales y sin importancia. Me había pegado en el orgullo así que bordé servilletas, arreglé mi ropa, limpié con esmero mi alfombra, la producción de cosas insignificantes que terminarían en fantasmas del cotidiano me permitió asimilar la situación. Aquí entre nos, lo que realmente quería hacer era ganar tiempo y conocerle mejor antes de decidir como tratarle.
Seguidamente, como cualquier rockstar recién llegada al estrellato, ordenó que todes se quedasen en casa. Habráse visto semejante diva! Qué desplantes! Lo peor fue que el mundo entero se dividió entre hacerle caso e irse a fiestar durísimo con la nueva celebridad. Ahora bien, nunca me ha gustado seguir a las masas y mucho menos hacer lo que me dicen, pero por otro lado, tampoco saldría corriendo a, en sus palabras, perrear hasta el suelo. Me considero una adulta, y me guste o no, hay momentos en los que he de comportarme como tal.
Como parte de una generación más rancia, las viejas y malsanas costumbres se hicieron presentes. Aunque pequeña la dosis, siendo vía intravenosa la ansiedad corrió rápidamente por mi sangre llegando a cada rincón de mi cuerpo. El efecto fue inmediato, la tristeza brotaba por los poros de mi piel, podía olerme a mi misma desprendiendo su aroma. Quizá, y para mi fortuna, la reacción no fue tan poderosa como en el pasado, el hecho de haber dejado tiempo atrás estas adicciones me creó una resistencia, sin embargo, la podía percibir en mi cuerpo y la sensación no iba a esfumarse. Este momento de debilidad me cobró factura, mi mente comenzó a divagar con lo indispensable de vaciarse para lograr la calma. Que todas mis travesías por la oscuridad me habían preparado para esto. Que me dejará arrastrar por la corriente de la aceptación.
El sometimiento a la imposibilidad del exterior alimentaron una añeja carencia, enterrada en las profundidades de la postergación adulta. Con la temporalidad atrapada en el infinito reloj de arena se hizo imperativo el ordenamiento de esta dimensión, la procreación de Universos dentro de otros Universos para quebrantar el espacio y las leyes espacio-temporales, los viajes entre las realidades paralelas. En esta interdimensional labor se han ido construyendo las resoluciones a sus requerimientos, a las comodidades de sus habitantes, a sus inquietudes. Arraigarse con extremo placer al privilegio del refugio ha sido el proceso de todo esto.
Seguidamente, como cualquier rockstar recién llegada al estrellato, ordenó que todes se quedasen en casa. Habráse visto semejante diva! Qué desplantes! Lo peor fue que el mundo entero se dividió entre hacerle caso e irse a fiestar durísimo con la nueva celebridad. Ahora bien, nunca me ha gustado seguir a las masas y mucho menos hacer lo que me dicen, pero por otro lado, tampoco saldría corriendo a, en sus palabras, perrear hasta el suelo. Me considero una adulta, y me guste o no, hay momentos en los que he de comportarme como tal.
Como parte de una generación más rancia, las viejas y malsanas costumbres se hicieron presentes. Aunque pequeña la dosis, siendo vía intravenosa la ansiedad corrió rápidamente por mi sangre llegando a cada rincón de mi cuerpo. El efecto fue inmediato, la tristeza brotaba por los poros de mi piel, podía olerme a mi misma desprendiendo su aroma. Quizá, y para mi fortuna, la reacción no fue tan poderosa como en el pasado, el hecho de haber dejado tiempo atrás estas adicciones me creó una resistencia, sin embargo, la podía percibir en mi cuerpo y la sensación no iba a esfumarse. Este momento de debilidad me cobró factura, mi mente comenzó a divagar con lo indispensable de vaciarse para lograr la calma. Que todas mis travesías por la oscuridad me habían preparado para esto. Que me dejará arrastrar por la corriente de la aceptación.
El sometimiento a la imposibilidad del exterior alimentaron una añeja carencia, enterrada en las profundidades de la postergación adulta. Con la temporalidad atrapada en el infinito reloj de arena se hizo imperativo el ordenamiento de esta dimensión, la procreación de Universos dentro de otros Universos para quebrantar el espacio y las leyes espacio-temporales, los viajes entre las realidades paralelas. En esta interdimensional labor se han ido construyendo las resoluciones a sus requerimientos, a las comodidades de sus habitantes, a sus inquietudes. Arraigarse con extremo placer al privilegio del refugio ha sido el proceso de todo esto.

