Intracosmos
El principio, como cualquier suceso importante, llegó súbitamente. Emperifollade de incertidumbre, con brocado de pesadumbre sobre un finísimo terciopelo de escepticismo. Los hilos dorados estaban hechos con la más exquisita paranoia colectiva que jamás se había visto sobre la Tierra. Tanta magnificencia hacía que cualquier mortal quedara pasmade. Yo misma no tenía una reacción clara ante esta visión. La primer semana invertí mis energías a tareas banales y sin importancia. Me había pegado en el orgullo así que bordé servilletas, arreglé mi ropa, limpié con esmero mi alfombra, la producción de cosas insignificantes que terminarían en fantasmas del cotidiano me permitió asimilar la situación. Aquí entre nos, lo que realmente quería hacer era ganar tiempo y conocerle mejor antes de decidir como tratarle. Seguidamente, como cualquier rockstar recién llegada al estrellato, ordenó que todes se quedasen en casa. Habráse visto semejante diva! Qué desplantes! Lo peor fue que el mundo entero...



